Has intentado seguir el ritmo, hacer tu vida, levantarte con ganas, distraerte, poner buena cara, fingir que todo está bien.
Pero algo dentro de ti sigue diciéndote: “Esto no es normal. No puede ser solo cosa mía.”
Hay días que te cuesta hasta respirar. Otros en los que todo te afecta más de la cuenta.
Y en medio de todo… esa sensación rara, como si el mundo estuviera hecho para otros, pero no para ti.
Te han dicho que eres demasiado. Demasiado intensa. Demasiado sensible.
Que lo que necesitas es relajarte, no tomarte todo tan a pecho, aprender a desconectar.
Pero… ¿y si esa sensibilidad que tienes fuera justo lo que más te protege?
¿Y si lo que te pasa no es que estás mal… sino que estás percibiendo algo que los demás no quieren ver?